El rascacielos de Nueva York, culminado en 1977, se alza con 59 plantas y una altura de 279 metros, convirtiéndose en un ícono arquitectónico de la ciudad. Este proyecto, que surgió tras la venta de un terreno de la iglesia luterana de San Pedro en 1960, fue realizado por Citi Bank y diseñado por Hugh Stubbins & Associates. La ingeniería fue responsabilidad de William LeMessurier.
El diseño original incluía terrazas y apartamentos, pero finalmente se optó por incorporar grandes paneles solares en el tejado, que presenta una inclinación de 45 grados y una forma triangular. La fachada del rascacielos destaca por su aluminio pulido y anodizado, además de contar con hileras de ventanas que lo diferencian de otras edificaciones en el entorno urbano.
Este proyecto arquitectónico, que transcurrió en medio de negociaciones complejas, resultó en un edificio que, aunque impresionante, fue ignorado en términos de su impacto estructural. Durante décadas, miles de personas frecuentaron sus instalaciones sin conocer las preocupaciones que rodearon su construcción.