Los mercados experimentaron una elevada volatilidad a lo largo de la semana, impulsada por la incertidumbre en el sector tecnológico y la política monetaria de la Reserva Federal. A pesar del reciente acuerdo inicial entre EE.UU. e Irán que prometía un periodo de conversaciones de 60 días, la atención se desvió rápidamente hacia las valoraciones del sector impulsado por la inteligencia artificial y las expectativas de tipos de interés elevados.
El acuerdo entre ambos países, que incluyó la reapertura del estrecho de Ormuz y una relajación parcial en las restricciones a las exportaciones energéticas iraníes, inicialmente provocó una significativa caída en los precios del petróleo. El crudo Brent volvió a niveles previos al conflicto, al eliminarse gran parte del riesgo de interrupciones en el suministro global. Esta respuesta del mercado generó un alivio temporal en las expectativas de inflación, beneficiando a la renta variable y a la deuda soberana.
A medida que la semana avanzaba, comenzaron a surgir discrepancias entre EE.UU. e Irán respecto a temas clave como el programa nuclear y el calendario de levantamiento de sanciones. Aunque el proceso de negociación no se rompió, estos desacuerdos subrayaron la fragilidad del contexto geopolítico y la posibilidad de que cualquier contratiempo pudiera reavivar la volatilidad en el mercado energético.