La crisis del gas natural licuado (GNL) se ha intensificado, presentando un panorama preocupante para el suministro global. Desde que comenzó la guerra en Ucrania, Europa se vio forzada a reemplazar el 40% de sus importaciones de gas, lo que llevó a recurrir a Catar, que hasta ese momento era el mayor productor de GNL en el mundo. Sin embargo, la situación ha cambiado drásticamente en los últimos meses.
El ministro de Energía de Catar, Saad al-Kaabi, había afirmado hace cuatro años que su país era un proveedor confiable, asegurando que "nunca hemos fallado en un envío". A pesar de esas declaraciones, la situación actual ha puesto en entredicho esa reputación. En marzo, tras el cierre del estrecho de Ormuz por Irán debido a un ataque de Estados Unidos e Israel, Catar declaró fuerza mayor, lo que le impidió cumplir con sus contratos de GNL. Desde entonces, solo ha enviado 98 cargamentos, lo que representa una disminución de 536 cargamentos en comparación con el mismo periodo del año anterior.
El déficit de GNL ha alcanzado los 39 millones de toneladas, equivalente al 9% del suministro mundial del año anterior, y se espera que continúe aumentando. En Asia, donde los precios del GNL han escalado hasta los 25 dólares por millón de unidades térmicas británicas (mmBtu), los costos son un 140% más altos que antes del conflicto. Aunque algunos analistas apuntan que este precio es inferior al máximo de 70 dólares registrado en 2022, la situación sigue siendo crítica, con una sexta parte del suministro global fuera de servicio.
Tradicionalmente, Asia recibía más del 80% de las exportaciones de Catar, pero ha logrado asegurar volúmenes comparables de cargamentos de otros países como Estados Unidos, Australia, Malasia y Nigeria. Hasta ahora, las importaciones de GNL en Asia este año han alcanzado 193 millones de toneladas, quedando solo 7 millones de toneladas por debajo de las cifras del mismo periodo en 2025. Sin embargo, muchos compradores están optando por retrasar sus adquisiciones, esperando que los precios disminuyan, mientras que otros buscan nuevas fuentes de GNL para reducir su dependencia del suministro del Golfo.
Este enfoque tiene sus riesgos, ya que si estas nuevas estrategias no resultan efectivas, las consecuencias podrían ser severas y evidentes solo cuando ya sea demasiado tarde. A medida que la crisis del GNL se desarrolla, la atención de los políticos parece centrarse más en el gasóleo que en el gas, lo que podría ser una señal de complacencia ante un desafío inminente.
Contexto: La dependencia de Europa del gas natural ha sido un tema crítico en los últimos años, especialmente tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022, que obligó a los países europeos a diversificar sus fuentes de energía. Con un mercado energético en constante evolución y la búsqueda de alternativas sostenibles, la situación del GNL se vuelve cada vez más relevante para la seguridad energética de España y otros países de la Unión Europea. Las decisiones tomadas en este ámbito influirán en el futuro del suministro energético y la economía en general.