El comercio electrónico en España ha alcanzado un crecimiento del 20,6% en el último año, llegando a casi 115.000 millones de euros en transacciones. Sin embargo, este auge ha tenido un impacto negativo en Correos, la empresa pública de mensajería del país, que ha registrado más de 1.160 millones de euros en pérdidas en los últimos cinco años. Este deterioro se refleja en un aumento significativo de su deuda y una reducción en su plantilla, con casi 8.600 trabajadores menos en su nómina.
En 2025, Correos movió apenas 1.060 millones de envíos, la cifra más baja desde que se llevan registros, lo que representa una caída del 76% en comparación con los envíos de principios de la década pasada. Esta disminución se acentúa al comparar con los números de 2019, antes de que la pandemia provocara un desplome significativo en el volumen de envíos. A pesar de que la compañía logró obtener beneficios por primera vez en años, esto fue posible gracias a los fondos públicos.
La transformación del mercado postal ha llevado a que el paquete haya reemplazado a la carta, aunque sin la rentabilidad de esta última. Las cartas generaban un volumen alto de envíos, lo que permitía que los costos de distribución se repartieran entre muchos envíos. En contraste, el envío de paquetes requiere más recursos, como vehículos más grandes, mayor consumo de combustible y un incremento en el personal. En este contexto, Correos se enfrenta a competidores como Amazon, DHL y Seur, que participan en una intensa guerra de precios que reduce los márgenes de beneficio.
En el último año, la facturación por paquetería de Correos fue de 837 millones de euros, lo que representa solo el 40% de sus ingresos totales, una cifra insuficiente para mantener su extensa red de más de 8.000 oficinas y puntos de atención rural, así como su plantilla de más de 46.000 empleados. A pesar de la creciente demanda en el sector del comercio electrónico, el modelo de negocio de Correos no se ha adaptado adecuadamente a las nuevas realidades del mercado.
El Servicio Postal Universal (SPU) impone a Correos la obligación de entregar en cualquier rincón del país cinco días a la semana, a precios accesibles, lo que genera pérdidas cada vez que se realiza una entrega en localidades remotas. Por ejemplo, el coste de enviar una notificación a una aldea, que cuesta al usuario poco más de un euro, supera ampliamente el gasto real de Correos para realizar la entrega. Este modelo de negocio, combinado con la competencia feroz del sector privado, ha llevado a una situación financiera insostenible para la empresa estatal.
Contexto: La situación de Correos no es nueva, ya que el sector postal ha enfrentado una transformación significativa debido al auge del comercio electrónico. En los últimos años, la transición hacia envíos de paquetes ha desafiado a muchas empresas de mensajería, pero el caso de Correos es particularmente crítico debido a su dependencia de la financiación pública para cubrir las pérdidas. Además, en un contexto donde la digitalización ha cambiado el comportamiento del consumidor, el futuro de la empresa pública está en un punto de inflexión, requiriendo una reevaluación de su modelo operativo y financiero.