La reciente caída del precio del petróleo, que llegó a bajar cerca de un 4% y se situó debajo de los 90 dólares por barril, ha impulsado un resurgir del interés por la renta variable global, principalmente en Europa. Este cambio se atribuye a las negociaciones optimistas entre EE.UU. e Irán, según declaraciones de Donald Trump sobre el progreso en las conversaciones.
A pesar de este repunte, persiste una inquietud significativa en los mercados respecto a la inflación, que podría mantener los tipos de interés elevados por un periodo prolongado. Los bancos centrales han señalado que factores como las tensiones energéticas, la alta deuda y el auge de la inversión relacionada con la inteligencia artificial podrían afectar las decisiones futuras sobre las tasas.
En el ámbito de la deuda, el mercado se muestra más cauteloso. El rendimiento del Treasury estadounidense a 30 años ha superado el 5%, un nivel no alcanzado desde 2007, mientras que el bono a 10 años se mantiene cerca del 4,5%. Este comportamiento refleja una percepción de riesgo que contrasta con el optimismo en las acciones.